Se te hincha la tripa como si estuvieras embarazada y en la consulta te han dicho que son nervios
No son nervios y no es que tengas “el estómago delicado”. Es un problema real, con un mecanismo real que casi nadie está mirando: cómo tu intestino y tus hormonas se sabotean el uno al otro. Aquí lo encontramos, y te damos un plan que no se te cae al segundo mes.
Seguramente algo de esto te suena
Son frases reales de mujeres que estaban justo donde estás tú ahora: hinchadas, agotadas de dietas que no funcionan y de que les digan que es mental.
Cada vez que como manzanas se me hincha el estómago y me quedo inflamada dos días como mínimo.
Me diagnosticaron SIBO, hice el tratamiento con antibióticos… y sigo igual. O peor.
Parezco embarazada de trillizos. Coma lo que coma, no me baja.
Llevo 25 años con el omeprazol, ya no tomo lácteos… ¿qué más quieren de mí?
Y eso que soy delgada. Nadie me cree cuando digo que estoy hinchada.
Estoy desesperada. Cada vez que salgo a comer con mi familia, acabo fatal.
El problema no eres tú. Es que nadie ha mirado en el sitio correcto.
Analíticas “normales”. Endoscopias sin hallazgos. Y la misma frase en cada consulta: que es estrés, que comas menos, que aprendas a convivir con ello. Mientras tanto, tu lista de alimentos prohibidos no para de crecer.
“Vi a por lo menos 8 médicos y ninguno daba con lo que tenía: uno decía que era el hígado, otro que era de los nervios, otros me mandaban pastillas y ya.”Lo que se dice cuando nadie escucha
Que tus pruebas salgan “bien” no significa que estés bien. Significa que no te han hecho las preguntas correctas.
Tu intestino no trabaja solo. Trabaja con tus hormonas.
Y ahí está la pieza que te han saltado. Tu digestión y tu sistema hormonal se hablan todo el rato. Cuando uno se descompensa, arrastra al otro. Por eso hay días que te hinchas el doble sin haber cambiado nada.
El estrés sostenido
El cortisol alto frena tu motilidad y desordena tu microbiota. Tu intestino entra en modo supervivencia.
Tu ciclo
Las fases hormonales cambian cómo te sienta la comida. No es tu cabeza: te hinchas distinto según el día del mes.
La tiroides
Un tiroides tocado —aunque te digan que está “en rango”— ralentiza tu tránsito y tu digestión entera.
Los estrógenos
Tus estrógenos y tus bacterias se regulan mutuamente. Si una parte falla, la otra lo paga.
A esto lo llamamos el eje intestino-hormonal. Es la razón por la que las dietas genéricas y las tandas de antibióticos para el SIBO te han funcionado a medias o nada: trataban tu intestino como si estuviera solo.
No te vamos a prometer magia. Te vamos a devolver los días normales.
El objetivo no es una foto perfecta ni una tripa de revista. Es que deje de decidir cómo va tu día.
Un desayuno sin calcular si te va a pasar factura. Una tarde sin desabrocharte el pantalón a escondidas. Una cena con los tuyos de la que no te arrepientes. Dormir del tirón, sin despertarte a las tres de la mañana con el estómago en guerra. Y, por fin, entender qué le pasa a tu cuerpo, con alguien que te escucha en vez de decirte que es mental.
Un protocolo clínico. No otro PDF de alimentos prohibidos.
Tratamos tu caso como lo que es: un problema con nombre, con mecanismo y con solución. Paso a paso, y sin prometerte milagros.
Valoración clínica completa. Tu historia, tus síntomas, tus analíticas y tu ciclo. Escuchamos el caso entero antes de tocar nada.
Un protocolo digestivo a tu medida, por fases. No una dieta rígida: un plan que entiende tu eje intestino-hormonal y se ajusta a ti.
Revisión semanal de síntomas de verdad. Hinchazón, tránsito, energía, cómo comes y cómo duermes. No fotos de la báscula.
Tu actividad física, calibrada para tu intestino. Si entrenas, ajustamos la intensidad para que ayude a tu recuperación en vez de sabotearla.
Acompañamiento diario. Cuando tengas una duda o un mal día, hay alguien real al otro lado.
Lo que no vas a encontrar aquí: dietas de castigo, listas eternas de prohibiciones, ni un “es que eres muy sensible”.
Las dudas que nos escribís, respondidas sin rodeos.
“Ya lo he probado todo y nada me funciona.”
“No encajo en ningún tipo de SIBO / no tengo un diagnóstico claro.”
“Mis análisis salen bien. ¿Entonces no tengo nada?”
“¿Cuánto cuesta?”
Si vas en serio, lo primero es una videollamada. Para escucharte.
No es una llamada de ventas ni un formulario más. Es el tiempo que haga falta para que nos cuentes tu caso entero: qué te pasa, desde cuándo, qué has probado y cómo te afecta al día a día. Puede que sea la primera vez que alguien te escucha de verdad y sin prisa.
Y al final somos honestos contigo: te decimos si esto es para ti y cómo lo haríamos, o si no encajamos y qué te conviene más. Sin comprometerte a nada. No queremos venderte un plan a ciegas; queremos saber si de verdad podemos ayudarte.
- Cuéntanos tu casoNos escribes qué te pasa, con el detalle que puedas.
- Videollamada para escucharteNos sentamos a conocer tu caso a fondo, sin prisa.
- Te decimos si encajasCon honestidad, y cómo sería el plan. O qué te conviene más si no somos nosotros.
Deja de administrarte los síntomas. Vamos a por la causa.
Cuéntanos qué te pasa. Leemos cada caso y te decimos con honestidad si podemos ayudarte, y cómo. Sin compromiso y sin tarifas a ciegas.
Plazas limitadas. Damos prioridad a quien nos lo cuenta con detalle.
